Estás a punto de cerrar una entrega. El proveedor asegura que el paquete está completo. Tu cliente espera aprobación sin comentarios. Y de pronto… rechazo.
Una vez más, el PPAP se convierte en un cuello de botella.
Y no por complejidad técnica, sino por errores que pudieron evitarse desde el primer correo. No importa cuántos proyectos lleves encima: cuando un PPAP falla, lo que se tambalea es la confianza construida durante semanas (o meses).
Lo positivo: estos errores son evitables. Y lo mejor: frenarlos a tiempo no exige más recursos, sino entender mejor cómo jugamos este partido.
¿Por qué realmente fallan los PPAP?